jueves, 1 de noviembre de 2012

SuperBardo Espacial: X-Wing Minis + Nexus Ops

Llegue a las 7:30pm a lo de Ale y inmediatamente se dio charla y salió probar el X-Wing Miniatures. Ale me decía que los chicos llegarían antes que terminemos, lo cual no fue del todo errado.


Se repartieron bandos:

Edu, con el Imperio y dos Tie Fighters a su disposición, piloteados por dos pilotos avanzados de la Academia: uno, el mejor tirador del Imperio, y otro, el más determinado de los suboficiales.

Ale, con la Alianza Rebelde, con Luke Trotacielos y su fiel amigo R2D2. Se olvidó los torpedos de protones en la otra nave, así que sólo tenia su habilidad de esquivar golpes de manera formidable y las habilidades de reparación de R2D2 (vimos que están muy buenas).

La batalla comenzó frontal, literalmente hablando, todas las naves avanzaron el máximo hacia adelante y se dieron murra mal. Evidentemente, Luke Trotamundos con sus habilidades logró impactar dos veces a uno de los Tie Fighters, atontando a su piloto de por vida, paso de Mike "Hawkeye" a Mike "InjuredEye". Aprovechando que Luke le estaba dando murra a su compañero, Joe "Insanity Later" persiguió al X-Wing por detrás y logró con mucho éxito… no hacerle daño; y cuando lo logra… le baja unos escudos que R2D2 le reparaba en segundos.


Después de una buena cantidad de disparos, Mike "InjuredEye" se cruza por error con los rayos rojos de Luke Trotacalles y cae (si cabe la expresión en el Espacio), dejando a Joe solo. Este se manda en un ataque suicida contra Luke y logra con mucho éxito… ser un suicida.

En el intermedio de la partida llego Pablo dando consejos técnicos a los pilotos y luego de rechazar el pilotaje de uno de los Tie Fighters (obviamente sabía qué bando iba a ganar y decidió evitar la deshonra).

Al terminar la partida llegó Will, ofreciendo un Munchkin disfrazado, el cual estuvo divertido hasta que se volvió un Fluxx, comencé a sospechar que el juego tenía algo raro cuando terminamos bailando la macarena con dos margaritas en cada mano.


Bueno, luego de tomarnos los margaritas se decidió jugar Rodar por los Años. El juego comenzó tranquilo y desde temprano los jugadores se pusieron Medicina para evitar el contagio de los otros. El juego terminó rápido con la victoria de Will y en ese momento se decidió jugar un Nexus Ops.

No hay mucha historia que contar acá, salvo que todos se atacaron entre si sin piedad y se aprovecharon entradas en la defensa en todo momento. Hubo varios ataques que sorprendieron, como los dos humanos en diferentes tiles que derrotaron a los Rock Striders. Se debe hacer mención especial al Rubium Dragon de Ale, que se mantuvo todo el juego haciendo destrozos e impuso miedo.


Nunca lo había jugado así que tengo que mencionar qué tal me pareció: El juego me gustó. Obviamente, el juego es re trash con estrategia, y obviamente, tu estrategia puede ser la mejor pero sos la puta de los dados y si estos no te ayudan, no ganás. Por supuesto, me esperaba que mucho dependiera de los dados y lo jugué con ese pensamiento, así que lo disfruté. La partida estuvo muy peleada entre Fede y yo, aunque Ale se estaba preparando para un final assault que si no terminaba el juego yo antes, creo que nos pasaba por arriba. Sin ir más lejos, su Dragón estaba muy cerca de mi base y todas las zonas de Pepe y mías estaban re desprotegidas.

Es el tipo de juego que te deja muchos comentarios de "Y si hubiese hecho esto, hubiera ganado…" "Y si me salía bien esa tirada ganaba…" "Y si hubiese hecho tal cosa vos no ganabas…" "Y si hubiese hecho tal tirada mejor, evitaba que ganases…", pero si uno ve con esa perspectiva el juego (que los dados definen mucho) el juego es muy divertido. Debo señalar que me gusta la parte que si vencés completamente al oponente en un lugar ganas puntos, ya que evita que el juego tarde mucho.


Anécdota interesante la de Will que se hizo una "Quest" para descubrir el churro y la media luna perfecta, recorriendo panaderías de los alrededores. Me recordó la Quest pendiente que tengo con unos amigos, de probar la hamburguesa perfecta (esto surgido de un artículo acerca de las mejores hamburguesas de Buenos Aires).

Bueno, esto fue Ficus Grup para PC... y espero que les haya gustado... CHAU!

viernes, 26 de octubre de 2012

Doom - Ficus Style

 
- Acaba con eso Kentucky! – protestaba el Sargento, como siempre, en un tono demasiado alto para la concentración de Cráneo (no recuerdo su nombre) que en ese momento leía atentamente las advertencias impresas en una caja de municiones. Un tipo escalofriantemente raro.
Kentucky volteó hacia mí con una sonrisa cómplice, como si hubiera logrado su objetivo del día. Era el único que podía soportar el tedio del Espacio, mascando tabaco y escupiéndolo siempre en dirección al Sargento, a veces peligrosamente cerca de las enormes botas azules de titanio de su traje.
Su actitud relajada era un tanto exasperarte, pero no dejaba de ser lo único que tenía sentido en este endemoniado agujero en el infierno helado de Marte. Después de todo, le estaban pagando suficiente como para cancelar la hipoteca de la granja de su madre cada día que pasaba no haciendo nada. No parecía un mal negocio para un simple granjero que su única experiencia de combate había sido defender su granja del ataque de unos forajidos, aniquilándolos uno por uno con un hacha, una horquilla, sus manos, sus dientes, y conduciendo una cosechadora sobre los que finalmente huían.
Yo no podía dejar de mirar el pasillo vacío que se extendía al final de la habitación, con esa iluminación lúgubre que caracterizaba todo aquí. Creo que en las dos semanas que llevábamos “custodiando” – por decir que hacíamos algo – este laboratorio, no había podido relajarme ni un segundo. Había algo que simplemente no cuadraba en la situación. Había demasiadas armas en el complejo, y demasiados soldados, como para que lo peor que pudiéramos tener que enfrentar era un científico escuálido con un espontáneo ataque de histeria asesina (que en paz descanse).
- Maldita sea Kentucky! – volvía a gritar el Sargento, justo cuando se produjo el apagón general y comenzó a sonar estridente la alarma. Las mortecinas luces de emergencia del complejo se encendieron y unas sirenas rojas comenzaban a girar, sumergiendo todo en un abismo de destellos que parecían teñir todo de sangre.
Cráneo inmediatamente corrió hacia el armario del fondo y empezó a arrojar el equipo hacia cada uno de nosotros. El Sargento gritaba por la radio, pero sin duda el Comandante debía estar escuchando el eco de sus alaridos por el pasillo.
- Al Casino de Oficiales! – volvía a gritar – Soldados! Carrera Mar! Mar! Mar!
Al llegar al Casino de Oficiales nos dispusimos con Kentucky a ambos lados de la puerta, cubriendo el pasillo con armas en mano. Ninguno estaba todavía tan agitado como para olvidar el estúpido protocolo. Éramos soldados, y no teníamos acceso a esa área.
El Comandante parecía muy perturbado, y le espetaba órdenes al Sargento con gestos impetuosos. Cráneo recorría con el dedo un plano de evacuación en la pared. Esto no podían ser buenas noticias… luego los disparos.
Kentucky se había adentrado unos pasos en el sombrío pasillo y ahora vaciaba el cargador de su pistola mientras se volteaba a gritar mi nombre. Algo venía flotando rápidamente hacia él, como una serpiente voladora más oscura que la propia oscuridad que la rodeaba. El reflejo fue instintivo y la primera ráfaga de mi arma salió escupida en un segundo, desintegrando el rostro de la criatura con cuatro balas de magnesio.
Inmediatamente otra criatura se abalanzó sobre él, como buscando morderle la cara. ¿Otro científico loco? ¿Qué demonios estaba pasando? El grito de Kentucky cuando el lunático le mordió la nariz me volvió a la realidad y sus sesos se desparramaron en la pared con otra ráfaga certera. Kentucky me miraba pasmado. Todavía tenía prendidos en la nariz los dientes del tipo al que le acababa de volar la cabeza.
El Sargento y Cráneo pasaron corriendo a los saltos, ignorándonos como si nada hubiese sucedido. Me acerqué a Kentucky para ver si ese líquido turbio que lo empapaba era su sangre o la de las criaturas. Estaba conmocionado. Ni siquiera pude ver qué fue lo que me atacó.
 
 
Desde el piso luchaba frenéticamente con los inmensos dientes corroídos que buscaban hincarse en mi cuello. Luego el monstruo pareció salir volando por el aire hasta estrellarse contra la pared, propulsado por la bota de titanio de Kentucky al grito de “Jueeera cuzcoemier!!!” antes de ser piadosamente rematado de tres tiros.
 
Corrimos por el pasillo hasta la enorme compuerta naranja que daba al área de Depósito. El Sargento nos recibió a los gritos, diciéndome que fuera a la Barraca a buscar algo con qué vendarme las heridas. Hasta ese momento, ni había notado que la herida que sentía en las costillas me estaba desangrando. Ahora que la veía, comenzaba a arderme terriblemente.
- Listo! – gritó Cráneo cuando logró abrir la compuerta. Aún cuando me alejaba pude darme cuenta que lo que vieron no era bueno para nada. El Sargento les ordenó mantener la posición mientras volvía en busca de más armas al Casino de Oficiales. 
Me moví lo más rápido que pude. Separarse de su grupo nunca es buena idea para un soldado. Avanzaba disparándole a las sombras como poseído por el terror. A veces podía escuchar un ser vivo desintegrarse tras mis ráfagas, pero no iba a perder ni un segundo en averiguar de qué se trataba.
 
Dos minutos y dos cargadores después estaba de vuelta. El Sargento había vuelto cargando un arsenal, y ahora disparaba contra unas criaturas que lo perseguían. La enorme compuerta naranja estaba ahora cerrada, y podía escuchar los gritos de Kentucky del otro lado, maldiciendo y disparando desesperadamente.
- Abre la maldita compuerta! – le gritaba a Cráneo. Pero él permanecía impasible mirando fijamente los controles. Por un segundo dudé si estaría intentando descifrar cómo abrirla, o estaría esperando que finalmente se apagaran los gritos desde el otro lado. Finalmente tocó una combinación de números y escuché despresurizarse el portal.
Kentucky se arrojó de vuelta donde estábamos, luchando con una especie de araña gigante que se había prendido de su brazo. No tardó en aplastarla con el mismo peso de su voluminoso cuerpo y la solidez de su coraza metálica.
 
 
El pasillo al frente estaba inundado de formas irreconocibles que se movían hacia nosotros. Unas llamaradas y voleas de plasma los precedían. Abrí fuego contra todo, pero siempre parecía haber más. Estaba listo para avanzar, pero no iba a cruzar esa compuerta hasta asegurarme que Cráneo también lo haría.
- Cuerpo a tierra! – resonó la voz del Sargento por sobre la brutal balacera. Apenas a tiempo atiné a ver las granadas volar por sobre nuestras cabezas y me arrojé al suelo.
Las explosiones me dejaron aturdido no sé por cuanto tiempo. Cuando pude levantar la vista, descubrí una enorme criatura, desintegrándose en el suelo, envuelto en una furiosa hoguera azul, y dejando tras de sí un ensordecedor aullido sobrenatural. Qué demonios era eso?
- Arriba Soldado! – me volvió el Sargento a la realidad, “ayudándome” a incorporarme a las patadas – Arriba! Mar! Mar! Mar!
Avanzábamos disparando ráfaga tras ráfaga; viendo aparecer estos engendros uno tras otro, y despedazándolos como pudiéramos. Kentucky ya no tenía municiones y utilizaba su rifle como un pesado garrote, con efectos tanto o más letales que cuando disparaba con él. Nos acercábamos al Depósito ya no como humanos, sino como mortíferos autómatas de destrucción. Nada parecía sobrevivir a nuestro paso. La sed de sangre, o lo que fuera que recorría los cuerpos de esas bestias, nos embriagaba. Al entrar al Depósito, ya sólo ansiaba ver qué maldito engendro del demonio tendría el placer de volver al noveno infierno a lamerse las heridas de su encuentro conmigo.
 
 
Allí estaba. Gigante. Horrible. Detrás de unos contenedores, alzaba sus dos enormes brazos en forma de cañones, rodeados de un campo de rayos azules que hacía saltar una nube de chispas al acercarse al techo metálico. Mi cuerpo se congeló en posición de fuego y hundí el gatillo dispuesto a que fuera lo último que haría en esta vida. Se que algo explotó detrás de mí, y que una motosierra flageló algo casi junto a mi oído. Pero nada importaba. Seguiría disparando certeramente a la cabeza de esa cosa pasara lo que pasara.
Todo un cargador de mi rifle y unos segundos después, el titán infernal se desplomaba con un centenar de orificios de balas de magnesio enriquecido en su cuerpo, aplastando los contenedores bajo su peso colosal.
Todos corrieron hacia la exclusa de evacuación, pero apenas podía avanzar arrastrando los pies. Todavía no entendía qué había pasado.
Un estruendo finalmente me quitó de mi sopor. Las cajas se desplomaban desde el otro extremo del Depósito. Un nuevo demonio cargaba ciegamente hacia mí. Volví a emprender la carrera y logré saltar justo detrás de una pared cuando el engendro intentó atraparme. Una última ráfaga de mi pistola le dejaría las marcas de nuestro encuentro como recuerdo hasta la próxima vez.
Me arrojé dentro de la exclusa de evacuación, que se cerró antes que pudiera volverme a mirar. Cráneo estaba junto a ella con la mano en el interruptor. Del otro lado, Kentucky y el Sargento todavía mantenían sus pistolas en alto.
Saltamos a afirmarnos a los asientos en silencio, mientras la cápsula comenzó a ascender acelerando cada vez más. Habíamos sobrevivido al infierno…

lunes, 15 de octubre de 2012

The Resistance: La Balada de Eddie Mac Peluf


Año 2256. Lugar: las ruinas de lo que alguna vez fue la ciudad de Buenos Aires, capital de un país que ya no existe. La crisis de la energía ha arrasado con la humanidad. En el año 2134, el último barril de petróleo aún en venta costaba 10 millones de dólares... Y luego el dinero ya no servía para obtenerlo, tan sólo la violencia.
De pronto, la humanidad descubrió que los últimos vestigios de la era del combustible fósil habían sido almacenados por un oscuro grupo: Los Camioneros. Se hacían llamar así en honor a una vieja estirpe que ya no existía, a un vehículo del cual sólo se conservaban fotografías. Los Camioneros comenzaron a utilizar el combustible para ganar poder, y pronto las ruinas del planeta Tierra fueron suyas. La población no siempre obedeció con mansedumbre, y las guerras y matanzas que siguieron marcaron un nuevo hito en la capacidad del hombre de destruirse.
Eddie McPeluf caminaba esa tarde entre los escombros al lado del río. El agua estaba cada año más limpia. Una brisa fresca soplaba desde la desembocadura, la pesca era buena, y bañarse no traía más que un leve ardor en las pieles sensibles. Los últimos restos de desechos tóxicos se despedían. Sin embargo, Eddie no estaba contento. Su hermano Jack, que lo había cuidado desde la muerte de sus padres, había sido descubierto como traidor a la Resistencia, un grupo que trataba de derrocar el gobierno fascista de los Camioneros. Eddie no sabía qué le molestaba más: la puñalada artera de Jack o el hecho de que, por transferencia, todos parecían desconfiar de él. Jack lo había metido en la organización, y nadie podía creer que nunca le hubiera confesado sus planes al hermanito menor. Lo peor es que era la verdad. Jack lo había metido en la Resistencia para ganarse la confianza de sus compañeros, pues Eddie era un tipo intachable. Y ahora una sombra flotaba sobre su cabeza, y Eddie no sabía cómo quitársela.
La madrugada le iba a dar una oportunidad. Cuando llegó al refugio de Joe Mary, el Spaniard, la charla revolucionaria estaba en plena ebullición. Giovanni Euri, un sinvergüenza querible que se encargaba de las telecomunicaciones, armaba el equipo para sabotear una torre de radio que mandaba las coordenadas de los camiones de combustible. Los barriles se movían una vez por semana, y siempre a un nuevo escondite secreto. Entre chistes, cerveza casera y palmadas en las nalgas a las muchachas roñosas que daban vueltas por el refugio, Giovanni eligió a Freddy Crumb. Freddy era un mecánico de veinticinco años, siempre corriendo detrás de las mujeres, un carismático natural... A Eddie se le ponían los pelos de punta en cuanto se le acercaba. No podía decir por qué, pero ese tipo no le inspiraba la menor confianza. Quizás porque él también había traído a su hermano, Paul Crumb, a la resistencia. Paul Crumb era un matemático consumido por su paranoia, que a su vez era producto de las largas sesiones de tortura a las que había sido sometido por la Autoridad para quitarle la fórmula de energía limpia que estaba desarrollando. Luego, se encargaron de destruir las materias primas necesarias y eliminar esa posibilidad. Paul podría haber cambiado el mundo, y ahora sumergía su rabia en aguardiente. Lo único que le quitaba su pesar era el Perro, un muchacho que había recibido una dosis enorme de radiación en el cerebro y pasaba el día correteando de aquí para allá, haciendo reír a todos y hablando de cosas que sólo él veía. Como era de esperar, nadie lo llevaba a ninguna misión, principalmente para protegerlo. Lo bueno es que como estaba ido de la realidad, nunca había que sacarlo de la habitación para charlar temas sensibles. Toshiro, era su nombre, y lo había heredado de su tatara tatara tatara..... tatara abuelo, lo mismo que el viejo sombrero de fieltro que llevaba a toda hora. "Plot Car!" Solía gritar cuando estaba excitado. Nadie sabía a qué se refería, pero era gracioso. Se daba maña con las máquinas, ayudaba a Freddy en el taller, y tenía un especial talento para armar explosivos... seguramente porque ni sabía que si se equivocaba, terminarían todos en mil pedazos. El temor que frenaba a los demás, él no lo conocía.
Freddy Crumb sintió el ruido de los pasos y se volvió a mirar a Eddie. "Mirá lo que trajo el viento!", anunció, con un dejo de sarcasmo. Eddie apretó las muelas. Giovanni, quizás para molestar a Freddy, quizás porque estaba aburrido, le encomendó a Eddie acompañar la misión. Así que serían ellos dos, Freddy Crumb y Eddie Mc Peluf. La idea de tener que atravesar la tierra yerma con esa sanguijuela lo irritaba, pero órdenes eran órdenes, y había que acatarlas.
Estaban preparando el equipo cuando Giovanni salió de la habitación en busca de algo para comer. Ni bien los pasos de Giovanni adelgazaron lo suficiente en la distancia, Freddy Crumb se acercó al grupo, y en voz baja:
-Acabo de interceptar una comunicación de Giovanni. No pude desencriptarla a tiempo, él es un tipo demasiado hábil, pero conseguí grabar esto...
Freddy reprodujo una grabación en la que se escuchaba a Giovanni hablando con alguien. No era claro lo que discutían, ni tampoco era una evidencia concluyente, pero a los oídos ingenuos del resto del grupo, era suficiente para comenzar a sospechar de Giovanni. El único que no prestaba atención era Paul Crumb, pues se divertía mirando al Perro Toshi perseguir una rata imaginaria. "Plot Cat!" gritaba el Perro. Para Eddie, la tierra que Freddy Crumb estaba arrojando encima de Giovanni Euri era la mejor evidencia de su oscuridad. Su propio hermano había hecho una jugada similar. Los verdaderos espías, los mejores, los más peligrosos, se caracterizan por desviar sospechas delatando a sus compañeros en la traición. Ni siquiera Giovanni debía saber lo que Freddy cocinaba. Pero, ¿cómo desenmascararlo sin que Freddy se la terminara jugando? Eran todos tan paranoicos, y su credibilidad había caído tanto...
La misión fue un éxito, como era de esperar. El objetivo era tan pequeño... Buen traidor, pensaba Eddie, sabés que no vale la pena arriesgarse por una torre de comunicaciones. Al regreso en la guarida, Crumb era todo sonrisas y simpatía, mientras su hermano jugaba con el Perro Toshi, los dos en su mundo privado.
              
 
A pesar de que Eddie había tenido tanta responsabilidad como Crumb en el éxito, nadie lo felicitaba. Incluso, eligieron a Freddy como líder la próxima misión. Era un poco más compleja, el robo de unos documentos que estaban custodiados en una caseta de vigilancia en el medio de la única ruta que quedaba en pie en diez kilómetros a la redonda. Valiéndose del resultado de la torre de comunicaciones, Crumb propuso que fueran ellos dos y Martin Cavaliere, un joven de buen carácter, afable y cordial... hasta que sacaba las armas. Él sería la fuerza de choque. Joe el Spaniard estuvo de acuerdo, hasta el Perro y Paul Crumb dejaron sus pasatiempos para dar su visto bueno. A Eddie no le quedó alternativa, tuvo que decir que sí.
La misión fue otro éxito... Martin era una bestia salvaje, una vez que entraba en modo cacería. Los pobres tipos que cuidaban los documentos no llegaron a levantarse de sus sillas, y el que estaba parado ni supo quién le abrió la tapa de la cabeza. Y tan tranquilo que parecía... Nunca se sabe qué esperar de la gente de la Resistencia, se dijo Eddie.
¿Quizás se había equivocado con Crumb? Freddy estaba llevando una misión exitosa tras otra, y nada hacía pensar que era un traidor. ¿Podría ser que su propio pasado con su hermano, Jack Mc Peluf, lo estuviera confundiendo? No podía echarle culpas sin fundamento, tenía que estar seguro. Si lograba que lo fusilaran a Freddy y luego se descubría que no era un traidor, no sería capaz de perdonárselo.
Así que Eddie Mc Peluf se vistió de negro, se escondió en un rincón del refugio, entre los trozos de una pared derrumbada, y esperó... Pasó allí horas sin que sucediera nada de interés, apenas Martin, Paul Crumb y el Perro Toshi lanzándose una pelota de trapo, o Joe el Spaniard contando el dinero que había ganado en su último juego de cartas... Hasta que, cerca de las cuatro de la mañana, cuando todo el mundo dormía, Freddy Crumb entró, acompañado de Giovanni Euri.
-Me cagaste con lo que hiciste, Freddy -le reprochaba-. Tengo que andar con cinco ojos en la espalda, en cualquier momento me pasan por las armas. Todo esto es tu culpa, no sabés laburar en equipo.
-Tenés que ver el panorama completo, la foto desde lejos -trataba inútilmente de calmarlo Freddy.
-Tu culo lo vas a ver desde lejos, cuando te lo separe del cuerpo de una patada.
La conversación siguió algunos minutos, y luego Crumb y Euri se fueron a fumar un cigarrillo a la habitación con el techo colapsado. Eddie se escurrió entre los trozos de concreto y fue a despertar a todo el mundo. Uno por uno, los iba convocando al patio de reuniones, donde les contó del incidente y los urgió a pasar por las armas a los dos traidores. No pequeña fue su sorpresa cuando su relato concitó la desconfianza de sus compañeros. ¿Era posible? No le creían, estaban más dispuestos a dejar que las sombras cayeran sobre él mismo antes que sobre Crumb. Eddie levantó la apuesta, comenzó a relacionar hechos. Se enardeció. Parecía estar comenzando a surtir efecto. Y justo entonces, cuando las miradas de los compañeros daban paso al conato de aceptación, por uno de los huecos surgió el Perro Toshi, con la lengua afuera, sonriendo, un cachorrito en los brazos. Ya no era común ver perritos en las ruinas. Las radiaciones los habían aniquilado, lo mismo que al resto de la vida animal. Los perros, los gatos y demás especies florecían ahora lejos de las concentraciones urbanas, donde apenas guardaban vestigios de su pasado doméstico. La aparición de Toshi con el perro corrió el foco de la cuestión. Eddie creyó ver un rastro fugaz de intención en su rostro. Y luego desapareció. No, si el cerebro de Toshi estaba cocinado por la radiación. Por eso le decían el Perro. No había manera en la Tierra.
Eddie trató de recuperar la atención de sus compañeros, pero fue en vano. Se fue a dormir frustrado y violento. A la mañana siguiente, se desayunó con que el equipo de la siguiente misión ya estaba elegido. El Spaniard jugaba a lo seguro. Los enviaría a los tres, de nuevo, a utilizar los códigos de los documentos y robar el camión antes de que saliera en la reubicación semanal. Diez barriles de combustible. Un golpe devastador, y el principio del cambio.
Martin se atragantaba con sus propios gritos mientras lo metían en el refugio. Todo había salido mal. Los habían estado esperando, y una vez herida la fuerza de choque, sólo quedó la retirada. Martin aullaba en el trayecto de vuelta, mientras Eddie le presionaba la herida para retener la sangre y Freddy pedaleaba con la mayor fuerza que le permitían sus piernas. Por un momento, Eddie creyó que su compañero realmente quería salvarlos. Luego recordó las habilidades de un verdadero traidor, lo profundo que llegan. Había escuchado su confesión involuntaria y aún así lograba hacerlo dudar. Había que reconocerlo, ese tipo era un genio, y el peor hijo de puta que hubiera conocido.
El clima triunfal dio paso a la paranoia. Las acusaciones volaban de un lado para otro, y por primera vez los compañeros parecían dispuestos a creer en Eddie. No podía desaprovechar la oportunidad. Comenzó a rosquear, a llevar y traer mensajes, a reunirse en privado con cada uno, a buscar el punto débil. Su trabajo era preciso y eficaz, pero por algún motivo, cada vez que se trataba de votar un equipo, la votación fracasaba. Para colmo, dado que Euri estaba bajo sospecha, que Martin estaba recuperándose de su herida, y que Paul vivía en un estado de paranoia extrema del cual sólo emergía para charlar con el Perro Toshi, se comenzó a proponer lo impensable: que el Perro fuera a la misión. Y para eso, había que dejarlo votar en serio. Y las consecuencias eran imprevisibles. Pero se lo necesitaba. La única manera de ganar el terreno perdido con el último fracaso era una bomba en la entrada subterránea de la Comandancia Regional de los Camioneros, y para eso había que robar los materiales, y sólo el Perro los conocía y era capaz de identificarlos y combinarlos a simple vista.
 
 
Por suerte, a nadie se le ocurría proponer a Freddy Crumb para la misión. El equipo ya estaba a punto: el Perro, Paul, Joe, Eddie. Si los votos lo permitían, las cosas saldrían bien. Los dos traidores se quedarían en el refugio, impotentes. Eddie no podía dar crédito a sus ojos cuando vio los votos negativos de Paul Crumb y del Perro. ¿Por qué? Malditos imbéciles, por que??? Quería gritarles, estrellar sus cabezas contra una roca, pero bastantes sospechas colgaban encima de él. Paul no tenía una explicación lógica, decía que el Perro no quería salir con ellos, y que si el Perro no quería, él tampoco. Su paranoia había llegado a un límite que no admitía discusión. Su único amigo era Toshi, y el resto, salvo su hermano, potenciales enemigos.
Eddie comenzó a enojarse con el Perro, pero con cada frase que le tiraba, el grupo se le echaba en contra. El Perro era inimputable. Y aún así, no podían ver que por su culpa, la Resistencia se hundiría y con ella, las vidas de cada uno de los leales a la causa. Eddie se sentía un hombre de dos ojos en un país de ciegos y sordos. La votación se convirtió en una farsa, las opiniones cambiaban al menor estímulo, y ya nadie parecía estar usando la cabeza. Freddy Crumb aprovechaba la confusión para adelantar sus objetivos, y finalmente el equipo que él quería se propuso: Freddy, Giovanni, Paul, Joe Mary. Eddie comenzó a gritar, desesperado. Era el fin. Si al menos uno solo de los dos traidores fuera a la misión, el resto lo podría vigilar, pero así... Era demasiado. Cuanto más se esforzaba, menos le creían sus compañeros. El mundo se había puesto patas para arriba. "Plot Cat!" gritaba el Perro, y los demás apuraron sus votos, y la misión se aprobó.
El silencio de su regreso anunció el fracaso de la misión. Eddie pidió que le contaran lo ocurrido, pero los rostros apesadumbrados no parecían dispuestos a abandonar su mutismo. Hasta que Joe Mary decidió quitarle la inquietud, quizás para no tener que aguantar más sus preguntas. Giovanni era un traidor. Freddy Crumb lo había descubierto manipulando los explosivos que el Perro Toshi necesitaba para hacer la bomba, y además había alterado la lista que el Perro confeccionó con sus dibujos infantiles. A Crumb no le había quedado más opción que matar a Giovanni, pero ante la pregunta de Eddie referida al cuerpo, Joe Mary no podía ofrecerle precisión. No, nadie había visto el cadáver, pero lo que sí habian visto, el tiroteo, Giovanni cayendo al río embravecido, no dejaba mucho lugar a dudas. La misión había fracasado, y ni siquiera por el intento de Euri. De nuevo, los Camioneros habían estado un paso antes que ellos, en cada oportunidad. Euri no es el único traidor, parecía estar a punto de decirle Joe Mary, pero hasta su confianza en Eddie había disminuido. Joe Mary era el mayor, el experimentado, y hasta ahora se había mantenido a salvo de las manipulaciones de Crumb. Si perdía su apoyo, Eddie no tenía esperanza.
Había una última oportunidad de asestar un golpe a los Camioneros. Era una misión casi suicida, pero el tiempo apremiaba y el grupo no admitía un plan elaborado. Demasiadas chances de que el traidor lo arruine. Las discusiones comenzaron. Los compañeros se gritaban, enfurecidos, lanzándose acusaciones frente a cualquier excusa, por ridícula o leve que fuera. Eddie trataba de inyectarles un poco de sentido común, les explicaba cómo Crumb había orquestado todo, que la mejor manera de un traidor de hacerse con la confianza del grupo es vendiendo a otro espía, pero nadie terminaba de convencerse. Martin le dijo que parecía saber demasiado de cómo actúa un traidor, y le preguntó si eran las lecciones de Jack Mc Peluf que había aprendido. Se necesitaron cinco compañeros para separarlos, y el hecho de que Martin aún estuviera herido no ayudó a la opinión que los demás tenían de Eddie.
 
 
Mc Peluf decidió ir a tomar aire fresco a una de las habitaciones con el techo colapsado. Salteó los escombros, se recostó en una esquina y sacó un tabaco de su bolsillo. No solía fumar, costaba demasiado dinero y quitaba agilidad, pero la situación lo superaba. Sentía que estaba en una pesadilla. Tenía toda la información, toda la verdad, y no le servía de nada. De niño, siempre había creído que bastaba con la verdad para resolver cualquier conflicto, y que se trataba tan sólo de encontrarla. El paso a la adultez había sido una desilusión tras otra.
Desde el fondo del edificio, se acercaron unos pasos. Una sombra apareció en el marco de la entrada, salteando los escombros. Cuando la luz de la luna bañó la sombra que se movía, reveló las facciones del Perro Toshi.
-Ah, sos vos. Dejame tranquilo, Perro idiota. Andá a perseguir un hueso o a olerte el culo -escupió, con un gesto brusco de la mano.
-No alcanza con conocer la verdad, Edward.
Cada fibra de cada músculo de su cuerpo se erizó al instante. Giró la cabeza y se encontró con los ojos del Perro, esos ojos vacíos... Sólo que ya no estaban vacíos. La película brillosa que los cubría se había esfumado también. El dejo de baba que solía aparecer en la comisura de su boca, y colgando de su labio inferior, no estaba allí. En su lugar, una expresión de perfecta y aterradora calma.
-¿Qué...? Qué dij...
-Nunca alcanza con la verdad. Eso tendrías que haberlo aprendido ya, Edward. Lo peor es que sos un tipo inteligente. No tanto como para darte cuenta de que al lado tuyo vive desde hace años un infiltrado haciéndose pasar por débil mental, pero sí, inteligente. Por ejemplo, en este preciso momento el que ustedes conocen como Giovanni Euri está hasta las orejas de vino, enroscado entre dos gemelas asiáticas. ¿De qué te sirve saberlo? ¿Alguien te va a creer?
-¿Qué querés? Decime qué querés y dejame en paz.
-Hay promesa en vos. No sé si serás capaz de hacer a un lado toda tu ingenuidad idealista, pero si lo lográs, hay un futuro brillante. Te ofrezco una última chance, unirte a nosotros, derribar este juego de niños que han armado, y te prometo riqueza, comodidad, más mujeres de las que tu cuerpo podrá soportar.
-Nunca.
-Sabía que ibas a decir eso -el Perro tomó una roca del piso, la estrelló contra su mejilla, y salió corriendo.
Eddie salió disparado detrás suyo. Si los demás le creían, que Eddie lo había atacado, era el fin. Había caído en su trampa. Qué estúpido que fui, pensaba mientras corría hacia la habitación donde estaban reunidos los compañeros.
-¡No crean nada de lo que dice! ¡Es un traidor! ¡El mismo se hizo esa herida en la mejilla, yo no le pegué!
-Claro que se la hizo él mismo -dijo Martin Cavaliere- Vino corriendo como un loco, estaba contento por algo, creo que perseguía al cachorrito, y se tropezó y se golpeó la cara. Lo vimos todos -en sus ojos había odio.
-El perro, ¿un traidor? -dijo Joe Mary- Llegaste demasiado lejos.
-¿Cuán bajo podés caer, Eddie? -los labios de Paul exudaban veneno.
Todo fue un parpadeo desde allí. Los compañeros que lo ataban, la sonrisa de Feddy Crumb, la votación que aprobaba al equipo, el Perro dejando que Paul lo ayudara a vestirse para la misión, con su cara de imbécil y sus ojos vidriosos... Y luego, el vacío, la espera, el desprecio de Martin.
Y luego, las botas, los soldados que irrumpen en el refugio. Los disparos, los guardias que van cayendo uno por uno, Martin que no alcanza a desatarlo y le pide perdón antes que un culatazo lo duerma. La aparición fugaz de Freddy Crumb, dando órdenes, indicando los lugares donde se escondían las armas. Y él.
Caminando tranquilo, con sus botas resonando en el suelo de cemento, completamente vestido de negro, con una campera de cuero de vaca, como era la costumbre de reglamento para los del Sindicato -la Corporación, los Camioneros, tantos nombres para la misma bestia-, una estrella roja en su sombrero. Y un grupo de subalternos que le besaban los talones.
-¿Qué hacemos con los prisioneros, General Budini?
El Perro Toshi no despegó los ojos de Eddie cuando respondió.
-Mátenlos a todos.
Luego dio un par de pasos y vio a Paul Crumb, con su capucha negra que no le permitía ver nada.
-A éste no lo lastimen. Es una basura rebelde, pero me cae bien. Además, es el hermano del General Crumb.
-Entendido, mi General. ¿Y con éste? -Eddie vio al soldado señalarlo justo antes de que la capucha lo cegara. La voz del General Toshiro Budini sonó áspera en su burla.
-No sé -unos pasos se acercaban-. Es tu hermano, Jack. Hacete cargo.

lunes, 20 de agosto de 2012

Jugando con Dedos: Peters, Tsuro, Haggis, Warcraft

Bueno, ahora que tengo más de 5 minutos seguidos tranqui en el laburo se viene la reseña de la fecha! (de los creadores de 'Que pasó ayer?' y 'Tres hombres y un gato')

Como invitado especial estuvo 'Dedos', conocido por su trabajo en 'Los Locos Adams' en el cuál dio flor de paliza al Peter's


 Nobles para todos y todas!

Ya habiendo jugado un par de partidas al Saint Petersburg estuvo bueno ver que se gana tanto como con jugar edificios (azules) como con Nobles (naranjas). Claramente si no jugás de a 2 al principio del juego no hay que dejar chance de comprar cartas de trabajadores (verdes) porque como estabamos jugando (siempre se refrescan cartas jugadores x2) son un recurso escaso y comprarlo en momentos más oportunos no garpa.

También que comprar un punto de victoria alto (como había hecho Pablo en una partida anterior y sacado una gran diferencia) no funciona tan bien si los otros jugadores pueden sacar un buen motor económico y empezar a juntar puntos fuerte para el medio del partido. En líneas generales uno saca que al principio conviene comprar verdes, y azules y nobles que den plata pero el costo de oportunidad de encerrarce en ese patrón es muy alto ante alguien que es más flexible y logra meter más acciones por turno. Jugar a levantar carta (porque no la podés comprar) para que no la pueda jugar otro también sale caro si no logras bajarla en un turno no muy lejano porque te quedas sin espacio en la mano enseguida.

En conclusión, veo porque es exitoso el juego: es un simple juego de motor económico / puntos de victoria pero que no es lineal y cada turno tiene un fuerte componente de táctica más allá de la estrategia general que uno quiera estar aplicando. Lamentablemente me parece que tener turnos malos al principio del partido castigan demasiado al jugador que le pasa y es muy raro que pueda alcanzar a alguien. En fin, creo que es un juego que finalmente "entendí" así que lo jugaría de nuevo pero ya no siento la necesidad de priorizarlo sobre otros.

Como nota de color, mi gata Arya (si, como el personaje de games of thrones) nos estaba mirando al momento de sacar la foto anterior con cara de asombro ante tamaña boludez junta :-D


 'Estos tipos tienen CUANTOS años????'

Duante el S.Peter pasó Juan (que le habíamos puesto 0 fichas) y charlamos un rato (la diferencia entre 15 minutos y media hora es inexistente!) de Imperios Milenarios, habrá que ver como avanza el tema!




Otro juegos al que le dimos fue el Tsuro, muy buen filler. Así se hubiera visto si lo hubieramos jugado en EEUU (o sea, si tuvieramos dólares) pero estuvo bastante cerca! Pongo la imagen porque es medio imposible de explicar sino... y la verdad con un nombre así le tenía 0 fe al juego. Aunque dije que es filler, es bastante exprime cerebros una vez que le tomás la mano asumo, filler por la duración.


Después Dedos nos mostró el Guillotina, puso una cartas en la mesa, nos dio algunas cartas para que las jugemos hasta que no las jugábamos más... o algo así. Quizá algún día jugemos el Guillotina. Iba a salir un Pastiche hasta que quedó claro que iba a pasar lo mismo que el Guillotina.

Antes de comer a los chicos les di clases de Haggis, haciendo más puntos en ese juego que en todos los otros juegos de la noche combinados. No tiene nada que ver que sean diferentes sistemas de puntuación. NADA!


Para cerrar la noche salió un Warcraft3. Esta vez a los Orcos no solamente le dieron murra los Elfos Nocturnos sino también los Humanos repartieron un poco de amor. A pesar que de que jugando de a 3, en el primer turno los Humanos y Elfos Nocturnos se debilitaron entre ellos, y los Orcos se cargaron a los humanos debilitados (controlando el mapa durante el principio del juego) fueron los que salieron perdiendo a la larga. Se nota que el juego no es sólo ganar batallas sino también jugar bien la economía de la facción. También se pasó que el juego se presta a hacerse más largo que lo que queda cómodo para una reunión durante la semana, cortándolo con una batalla final al todo o nada.

El Paladin es y hace GIL... estuvimos diciendo Heal toda la noche y no salió ese chistonto, eso fue raro. Por cierto, esta vez con los Orcos jugé yo, 'Dedos' con los Humanos y 'Dedos con AP' con los Elfos Nocturnos.


 Último hombre/elfo en pie

martes, 14 de agosto de 2012

El Arte de Ser un Buen Anfitrión

Una de las cosas que más me agrada de toda esta historia de los juegos de mesa, es que te dan una genial excusa para juntarte con amigos a pasar un buen rato. En nuestro caso, hacemos reuniones todas las semanas, saltando de casa en casa. Esto con el tiempo incentiva el desarrollo de ciertas habilidades sociales, que tienen sus vértices particulares cuando se trata de sesiones de juegos de mesa.

Hace poco, otros pretendientes a anfitrión en el grupo se ofrecieron con toda su buena voluntad a poner la casa para juntarnos. Eso derivó en un intercambio sobre los méritos de ser un buen anfitrión, y en nuestro caso, el estándar de la más alta excelencia en la materia quedó demostrado que se lo lleva Edu. Si usted es también un pretendiente a anfitrión de sesiones de juegos o quiere un nuevo desafío de autosuperación personal para estar a la altura de los más grandes, abajo van listados algunos de los hábitos extraordinarios de los que disfruta el Ficus Grup cuando va a lo de Edu.

Notas Iniciales:
uhm...
1) mesa de vidrio para poder jugar mejor ritmo en bolas - tengo
2) mi heladera funciona...  no no voy a cambiar eso
3) tener infinitas sillas - no, llego hasta 6... bueno, se pueden sentar encima de la gata de última
4) tener siempre vaso cerveceros aunque no tomo cerveza - no, cabe. tomen del pico exquisitos
5) poner buena cara cuando me manchan la alfombra con coca - no tengo alfombra... pero...¬¬
6) tener bolls para todo tipo de snack - para eso esta el paquete, esto no es "Esnackeando con Mirta Legrand"
7) prepararles el café/té - que soy, su mamá?
8) se me acabaron las ideas, pero 7 no esta nada mal!
9) menos mal que nadie es alérgico a los gatos...
10) siguen leyendo?

Aportes Posteriores:

Te propongo una que te olvidaste:
8) Hacer café espumoso con batidorcito...

9) Tener amigos internacionales
10) Ponerte a cortas cartas bricoleadas (a veces de otros) mientras los demás juegan para aprovechar el AP
11) Luego, entrar en un furioso AP propio
12) Tener un amigo que es el más fachero del grupo

(en esto no sé cómo te las vas a arreglar)

13) Bricoleate algún juego épico como Mansions o Twilight Imperium
14) Ponele pegatinas con los textos en castellano para que tus amigos medios vagos los puedan leer sin molestarse
15) Conseguite un delivery como la gente
16) Comprate otro celular por si más de uno quiere llamarte simultáneamente
17) Estudiate todas las reglas por si algún salame intenta explicar un juego en 2 minutos

Te veo complicado...

18) No te hagas rogar y confirmá con tiempo

Si usted puede cumplir con estos demandantes 18 puntos (y además tiene balcón para salir a fumar) sólo ponga su casa y el Ficus Grup lleva los juegos! :D

lunes, 6 de agosto de 2012

Una conversación en la novísima ciudad de San Peterschori

Si alguno todavía no probó jugar Saint Petersburg en el sitio Yucata.de, se lo recomiendo ya mismo. Acá están las capturas de pantalla de una épica partida de dos jugadores (Pablo y Victor) que casi consume la totalidad de los cuatro mazos!


La muy buena performance de Mythgard


El descomunal record de puntos de Cadogan. Inigualable ni por Bernd Brunnhoffer, Michael Bruinsma y Jay Tummelson jugando juntos... (nada, es demasiado críptico para ser gracioso, no?)


Pablo es Mentat, por eso, jugando cara a cara los juegos económicos más complejos, lo bombardeamos con obsenidades y medias sucias para tratar de tener chances. Si no vieron la película, serie, novela o juego de mesa Dune, este también va a ser demasiado críptico, así que va referencia:

http://es.wikipedia.org/wiki/Mentat  (la versión en inglés está bastante más completa)

Tengo que dejar de hacer chistes nerds... ya estoy para esa serie de nerds que ni siquiera se cómo se llama... mi única esperanza es hacer un programa como TableTop para volverme popular...


Como sea, a cualquiera le sorprende que alguien que ha podido bajar dos teatros pierda en el Saint Peterschori, así que interrogamos a Victor para ver cuál era el secreto de su estrategia perdedora:


Una conversación en la novísima ciudad de San Peterschori


- Señor contratista, aparecieron los planos para un teatro maravilloso! Eso nos llenaría de prestigio!
- Mi muy estimadísimo administrador, casi no tenemos dinero, a duras penas podríamos construir un mercado... ¿de que me está hablando? ¿qué haríamos con un teatro? Déjelo donde lo encontró... eehh... ¿hola? ¿no me escucha? ¿que tiene en la mano, caballero?
- ¡Nada! ¡Nada! Es solo el teatro del que le hablé... y otro más que encontré olvidado por ahí...
- Pero mi muy estimado, si solo tenemos un leñador y un minero... ¿como pretende que construyamos semejante monstruo?
- No sé, pero tengo un amigo que es un escritor, aquí se lo presento, es un autor poco conocido pero que tiene unas excelentes ideas... en poco tiempo publica un best seller, le aumentan el sueldo y vamos a poder construir 20 teatros! No se preocupe usted.
- Está bien. Pero deje un poco de espacio, que aquí viene el barco con nuevos trabajadores y quiero ver a quienes podríamos contratar... ¿cuanto dinero nos queda, señor administrador?
- 5 rublos, mi estimado.
- ¿¡5 rublos!? Pronto, llamele la atención a ese leñador! ¡Sílvele, hombre! ¡Míre que lo contrata la competencia! ¡Esos están forrados de dinero! ¡Pero me cago en la dívina santidad de la hermandad del choripán! Lo contrataron nomás... estaban más cerca del puerto que nosotros...
- Pero no se preocupe, mire la cantidad de trabajadores que hay, seguro que nos alcanza para algún otro... mire, hay un par de constructores de barcos, un cazador de pieles y dos de esos campesinos new age...
- ¡¡Aaaaarrrrgggghhhh!!!
- ¡Señor, he conseguido comprar un pub muy barato aquí a la vuelta que seguro nos será de ayuda... señor... ¿señor? ¿ahora se va a afeitar tirado en el piso? ¿y de donde sacó tanta espuma para su boca? ¿señor?

lunes, 30 de julio de 2012

El Gamer Maltés - Gipf, Peters, Imperios y Ritmo en Bolas (WTF!!??)

El día comenzó de manera extraña cuando el detective Toshiro Budini se olvidó su sombrero en un taxi. Parecía un incidente como cualquier otro, pero él sabía que detrás de eso se escondía la mafia de las heladeras. Sus sospechas eran bien fundadas. Al llegar al departamento de la víctima, el reconocido actor Eduard MacPeluf, se enteró de sus famosos labios el destrozo que la mafia de las heladeras había efectuado en su casa. No obstante su preocupación, el actor no era capaz de apagar su carisma natural, que emanaba hacia el grupito de admiradoras en paños menores que daban vuelta por su domicilio, semi ebrias y en estado lamentable. El detective Budini, asqueado por tamaña decadencia, apenas sintió los pechos de una o dos de las admiradoras.
En el departamento de MacPeluf se encontraba el fiscal de distrito, Giovanni Eurogiocchi, un amigo de parranda de MacPeluf de sus años de universidad. Al parecer MacPeluf tenía un par de secretos que enterrar, y esto no era un asunto para la policía. Por eso me habían llamado. Las piezas comenzaban a encajar unas con otras.


Al fiscal de distrito le gustaba charlar del caso utilizando piezas abstractas, como si se tratara de un juego. Una mente enferma, a la cual el detective siguió la corriente sólo por ver a dónde lo llevaba. Resultó de mucha utilidad, para sorpresa de Budini, y al final de la partida ya se hacía una idea de cuál era el secreto a esconder. La pila de fichas de Giovanni Eurogiocchi en poder del detective, además de su rostro compungido, le dijeron al detective que había averiguado más de lo que el fiscal quería. Sus palabras lo traicionaban.
Mientras tanto, el rutilante actor se esmeraba en hacer sentir cómodos a sus huéspedes, trayéndoles los más finos elixires, fijándose de que nunca les faltara nada. Pocos minutos después, llegó al departamento el conocido capo mafia de la zona oeste, Vittorio Di Santa María Novelli. Un hombre sangriento, pero que había compartido los mismos años de formación y de debaucherie con los dos antemecionados sujetos. En resumen, un tipo de cuidado, al que mejor no andar molestando con pequeñeces.


Impuso su agenda: decidir el curso de acción a través de una dramatización de la época del Zar en San Petersburgo. La 45 que llevaba en su costado los disuadió se señalarle la demencia de su plan, así que no les quedó más opción que sentarse y buscar la manera de conseguir las cartas que necesitában para llegar al fondo del asunto.
A pesar de que quería meterle miedo, Budini no se dejó amedrentar. Él también llevaba un pedazo de fierro en el costado de su pantalón, y si las cosas se ponían feas, se aseguraría de usar al bonito actor como escudo humano mientras huía disparando. Detective que escapa sirve para tomarse un whisky en la fonda de la esquina, es lo que decía mi mentor cuando yo era apenas un muchacho.
La dramatización terminó con el resultado que Budini requería. Más adelante en las respuestas que los demás, soportando sus rostros de odio, comenzaba a entender que él era tan sólo un tonto, un chivo expiatorio que habían convocado para pagar la culpa de las decadencias y oscuros crímenes sexuales del actor, el fiscal y bueno, el mafioso no tenía miedo de la justicia, pero le divertía la crueldad de la idea.


Budini entonces ejecutó su movida magistral. Un juego de teatro llevado a cartas, con ritmo, y señales, diseñado para desenterrar las más profundas perversiones psicológicas. Y si bien en el proceso quedó en evidencia que Budini tenía unos cuantos esqueletos en el armario, mientras Giovanni Eurogiocchi y Vittorio di Santa María Novellis no paraban de pasarse la pelota entre ellos y reflotar siniestros recuerdos, el foco se lo llevó el actor. Porque una tras otra, sus viejas máscaras salían a flote y se caían, y los demonios de su personalidad volaban libres. Un espectáculo terrible, que asustó y marcó hasta al mafioso, con sus años de venganza a cuesta, él que creía que ya nada lo asombraba. Claro vencedor en el juego de señas, MacPeluf propuso ir atrás en el tiempo, más atrás, e involucrar un experimento psicológico pergeñado por el fiscal de distrito durante sus años de psiquiatra Mengeliano.


El nombre.... Imperios Milenarios.
La partida fue corta e intensa. Muchos murieron, otros ganaron poder, y quedó claro que los cuatro oponentes estaban en igualdad de condiciones. El mafioso, en el medio del asunto, se retiró bruscamente, cuando las cosas estaban en su punto más álgido. Temiendo una escena del Padrino 3, con helicóptero y todo, el fiscal, el detective y la estrella de cine decidieron huir cada uno a sus guaridas (incluso el actor se fue de su departamento rumbo a un escondite secreto, junto a sus admiradoras en ropa interior). A la mañana siguiente, el detective Toshiro Budini fue a comprar el diario esperando encontrar en las noticias algo que lo inculpara, algo que le hiciera pagar culpas que no tenía, pero no....
Nada, en las noticias. Nada. Apenas una nota pequeña en la página 25 acerca de una elegante reunión social en la casa de un reconocido actor, a la que habían concurrido figuras del orden público, notorios empresarios de la zona oeste, y algún que otro colado. Curiosamente, no había fotos.

viernes, 20 de julio de 2012

Jab + Neuroshima Hex + Cyclades


Un día más, un día menos!

Esta vez no hubo fotos así que habrá que usar imágenes dramatizando la situación. Empezamos jugando un doble JAB, Edu contra mi y Vic contra Ale. Una mesa parecía un hormiguero pateado mientras la otra simulaba un cálido cuarto es lectura (a interpretación cuál era cuál). En el primer partido Edu me dio paliza, clavando 4 Haymakers en el 5to round (SIN hacer trampa y SIN poner ambas manos en los Haymakers! QUE GROOOSOO!!). Me dejó con tanta vena (menos que no entendía como había pasado) que inmediatamente pedí la revancha. Digamos que aunque no fue igual, en el 5to round terminé algo así:



Pero sin la gloria y sin la minita. Y sin la música.


Después vimos de cambiar de rubro a sci-fi y jugar a Carcassonne con nukes Neuroshima Hex. Aunque perfectamente también lo podríamos haber llamado "pegarle al HQ de Vic". La verdad me gustó el NHex, de a 4 se vuelve demasiado brutal y lástima que a mitad del segundo partido vi que lo veníamos jugando mal (ni idea quién se metió a explicar las reglas sin ser llamado!). Básicamente, en vez de la habilidad de mi HQ usé la que todos deberían haber tenido, o sea mientras los otros HQ daban bonus de míseros +1 al ataque o rango o algo, el mío hacía:


Habrá que jugarlo de nuevo con las reglas bien!


Finalmente nos fuimos a la grecia mitológica y lo siento Juan, pero no me da el cuero para hacerme semejante reseña de los hechos como vos! En breve, Vic se escribió en el pecho "peguenmé" al constuir la primera Metropolis con el favor de Atena. Yo me la pasé haciendo (de nuevo) a Victor el objetivo de todos mis ataques. Ale se la pasó mendígandole plata a Apollo hasta que se cansó, conquistó todo el medio del mapa y decidió fajarme (y quedarse con MI metropolis). Edu tranfugeó con Zeus, Amado y Cristina y pagaba centavos en cada subasta. La posta del juego sin embargo esta en como usar los bichos mitológicos que van apareciendo turno a turno, la combinación de Pegaso con Poseidón y de ¿Sylph? (mover barcos 10 lugares) con Ares son inbatibles.

Lamento (y pido las disculpas apropiadas) mi subasta en el último turno que, al considerarme ya fuera del juego no pensé como mi acción afectaba al resto y sólo me enfoque en que me ayudaba. Claramente fue una decisión estúpida (no me ayudaba a ganar el juego si otro ganaba antes), y una movida así en como estaba el juego es lo mismo que dejar ganar a otro (de hecho, peor porque ni siquiera fue pensada) y no valió la pena la situación que se dio después:


El de la barra es el victorioso Victor.


Me queda el consuelo que en la situación en la que estaba Vic prácticamente tenía demasiada ventaja como para no ganar en el turno siguiente así que no fue realmente determinante mi pedo cerebral. Hablando de pedos...

Quedó por probar el First Sparks que pinta, quedará para la próxima reunión. La verdad a mi me gusta jugar un juego 4-5 veces como para gastarlo y pasar al próximo, pero con la parva de juegos que hay entre todos y los nuevos que salen se hace imposible!

sábado, 7 de julio de 2012

Imperios Milenarios - La Historia de la Civilización

Como todos saben las grandes civilizaciones del mundo antiguo eran seis. Los Godos, los Romanos, los Turcos, los Árabes, los Indios, y los Otros Indios de Más Lejos. Sobre estos últimos, la historiografía moderna no se pone de acuerdo respecto de su nombre, pues la milenaria tradición oral pudo haber utilizado para designarlos el acrónimo OIMaL, o era simplemente alguien que decía “Oí mal” el nombre, y por eso se perdió. Como sea, la presente crónica revivirá los más significativos hechos de nuestro pasado.

La historia comienza con estas civilizaciones alejadas unas de otras, pero concientes que más allá del horizonte, había bárbaros sanguinarios e ignorantes, a los que había que someter y encontrarles una función provechosa en su propio imperio (tal vez como gladiadores o recaudadores de impuestos).


La primera civilización que se atreve a surcar la enorme distancia que los separaba son los Romanos, liderados por el Magnífico Emperador César Victor Primus, que envía sus flotas a través del Mar Mediterráneo a colonizar Egipto. Esto no es bien visto por el Magnánimo Pastor Mustafá Kemal Mora, líder espiritual y terrenal de los Turcos, que esperaba visitar a Cleopatra de un momento a otro. Así que sus flotas se lanzan a conquistar el Mediterráneo Oriental, barriéndolo de cualquier tano chanta que encontraran en su camino. Este hecho viene a sostener la teoría que el hijo de César y Cleopatra no era de César, sino que era mucho más galán que su supuesto padre y de tanto en tanto podía ganar en algún juego de mesa. La otra gran potencia occidental, los Godos, avanzaban hacia el sur, a fin de acercarse a los Romanos para comerciar con ellos. Luego de varias idas y vueltas, que implicaron numerosas fundaciones y reubicaciones de colonos, los Godos finalmente encontraron un término medio entre poner su mercado en el Coliseo o en un puerto del Mar del Norte. Esta manía del Gran Kaiser Alexander, de ampliar área de delivery demasiado lejos, fue objeto de varios malentendidos, discusiones acaloradas y guerras genocidas a lo largo de la historia.

Mientras tanto, en el otro lado del mundo, el materialismo y la pomiscuidad estaban a la orden del día. Como resultado de ello, el Real Marajá Uil el-Veyi había poblado casi la totalidad del subcontinente indio y puesto a sus vástagos a laburar para procurarse sus alimentos. Esto último había sido un importante desafío, ya que por designio del Real Marajá, las vacas eran sagradas y nadie podía comer su carne. Así que para comer un pancho había que viajar miles de kilómetros hasta las tierras del Eterno Sultán Edulán Analís Paralís, quien permitía esas licencias culinarias, hasta tanto analizara si le convenía prohibirlas o permitirlas. De manera que se generó un fluido comercio entre ambas civilizaciones, y ambas prosperaron como lo hacen hasta hoy: multiplicándose y haciendo producir a sus niños.

Pero más allá del desierto, una nueva civilización hacía su aparición de la mano del Iluminado Profeta Pepé, quien se conoce que podía hablar con Dios, gracias a un misterioso artefacto que poseía, y podía negociar directamente el momento en que dejaría este mundo para reencontrarse en Su morada (“en un ratito voy mi amor”). A pesar de tales poderes divinos, al Iluminado Profeta le llevó un tiempo calcular la cantidad necesaria de cantimploras con agua para cruzar el desierto de Arabia y el Golfo Pérsico para comerciar con el Eterno Sultán. Cuando finalmente lo logró, su civilización también prosperó, y si bien no se multiplicaron (el Iluminado Profeta no adscribía a las licencias de los pueblos orientales, y mucho menos a las culinarias), recientes descubrimientos arqueológicos prueban que incluso las clases menos privilegiadas de la gente del desierto utilizaban remeras con vistosas marcas y logotipos fluorescentes.

Por otra parte, el Iluminado Profeta también había oído hablar de la belleza de Cleopatra, y aprovechando que Dios no estaba al teléfono, había incursionado a lo largo del Mar Rojo a fin de conocerla. Grande fue su decepción al llegar al delta del Nilo y encontrar en la Biblioteca de Alejandría el “Libro de las Adversidades”, donde se registraban las vicisitudes del Magnánimo Pastor Mustafá Kemal Mora en su camino a la dominación mundial. Allí se leían párrafos como “El tano me cambió a la zorra egipcia por un puerto en Sicilia. Al pedo, porque al final tengo a estos manteros alemanes ofreciéndome las mismas cosas en las peatonales de mi Capital. Parecen simples artesanos, pero dudo de sus intenciones”.

Efectivamente, las dudas del Magnífico Pastor sobre estos artesanos arios eran fundadas. Luego de enviar a los Guardianes del Harén a eliminar a unos cientos para que dejaran de llevarse piedra de su palacio para hacer estatuillas, el Kaiser Alexander envió a sus flotas a través del Mar Negro a reivindicar el derecho de su pueblo a tomar lo que ellos quieran de cualquier lugar de la tierra. La ofensiva, liderada por el mismo Kaiser y su Guardia Personal de Guerreras PanzerDominatrizen tomó tres torres de la capital turca, y con la piedra construyeron estatuillas de forma fálica en honor al Kaizer, que hasta hoy (en variados materiales) siguen siendo muy populares entre las mujeres guerreras.

Así que las sombras se cernían sobre el imperio del Magnífico Pastor Mustafá Kemal Mora, quien había predicho que sería aplastado y resucitaría (probablemente como los íberos) para cumplir la profecía. En este punto, los Indios, y los Otros Indios de Más Lejos, que ya comerciaban con teléfonos celulares de tercera generación (o algo así), sugirieron a las demás civilizaciones crear la Organización Mundial de Comercio. Así que en la primera Asamblea Mundial se repartieron los escaños de cada civilización de acuerdo a su poderío, quedando así: