Como
todos saben las grandes civilizaciones del mundo antiguo eran seis.
Los Godos, los Romanos, los Turcos, los Árabes, los Indios, y los
Otros Indios de Más Lejos. Sobre estos últimos, la historiografía
moderna no se pone de acuerdo respecto de su nombre, pues la
milenaria tradición oral pudo haber utilizado para designarlos el
acrónimo OIMaL, o era simplemente alguien que decía “Oí mal”
el nombre, y por eso se perdió. Como sea, la presente crónica
revivirá los más significativos hechos de nuestro pasado.
La
historia comienza con estas civilizaciones alejadas unas de otras,
pero concientes que más allá del horizonte, había bárbaros
sanguinarios e ignorantes, a los que había que someter y
encontrarles una función provechosa en su propio imperio (tal vez
como gladiadores o recaudadores de impuestos).
La
primera civilización que se atreve a surcar la enorme distancia que
los separaba son los Romanos, liderados por el Magnífico Emperador
César Victor Primus, que envía sus flotas a través del Mar
Mediterráneo a colonizar Egipto. Esto no es bien visto por el
Magnánimo Pastor Mustafá Kemal Mora, líder espiritual y terrenal
de los Turcos, que esperaba visitar a Cleopatra de un momento a otro.
Así que sus flotas se lanzan a conquistar el Mediterráneo Oriental,
barriéndolo de cualquier tano chanta que encontraran en su camino.
Este hecho viene a sostener la teoría que el hijo de César y
Cleopatra no era de César, sino que era mucho más galán que su
supuesto padre y de tanto en tanto podía ganar en algún juego de
mesa. La otra gran potencia occidental, los Godos, avanzaban hacia el
sur, a fin de acercarse a los Romanos para comerciar con ellos. Luego
de varias idas y vueltas, que implicaron numerosas fundaciones y
reubicaciones de colonos, los Godos finalmente encontraron un término
medio entre poner su mercado en el Coliseo o en un puerto del Mar del
Norte. Esta manía del Gran Kaiser Alexander, de ampliar área de
delivery demasiado lejos, fue objeto de varios malentendidos,
discusiones acaloradas y guerras genocidas a lo largo de la historia.
Mientras
tanto, en el otro lado del mundo, el materialismo y la pomiscuidad
estaban a la orden del día. Como resultado de ello, el Real Marajá
Uil el-Veyi había poblado casi la totalidad del subcontinente indio
y puesto a sus vástagos a laburar para procurarse sus alimentos.
Esto último había sido un importante desafío, ya que por designio
del Real Marajá, las vacas eran sagradas y nadie podía comer su
carne. Así que para comer un pancho había que viajar miles de
kilómetros hasta las tierras del Eterno Sultán Edulán Analís
Paralís, quien permitía esas licencias culinarias, hasta tanto
analizara si le convenía prohibirlas o permitirlas. De manera que se
generó un fluido comercio entre ambas civilizaciones, y ambas
prosperaron como lo hacen hasta hoy: multiplicándose y haciendo
producir a sus niños.
Pero
más allá del desierto, una nueva civilización hacía su aparición
de la mano del Iluminado Profeta Pepé, quien se conoce que podía
hablar con Dios, gracias a un misterioso artefacto que poseía, y
podía negociar directamente el momento en que dejaría este mundo
para reencontrarse en Su morada (“en un ratito voy mi amor”).
A pesar de tales poderes divinos, al Iluminado Profeta le llevó un
tiempo calcular la cantidad necesaria de cantimploras con agua para
cruzar el desierto de Arabia y el Golfo Pérsico para comerciar con
el Eterno Sultán. Cuando finalmente
lo logró, su civilización también prosperó, y si bien no se
multiplicaron (el Iluminado Profeta no adscribía a las licencias de
los pueblos orientales, y mucho menos a las culinarias), recientes
descubrimientos arqueológicos prueban que incluso las clases menos
privilegiadas de la gente del desierto utilizaban remeras con
vistosas marcas y logotipos fluorescentes.
Por
otra parte, el Iluminado Profeta también había oído hablar de la
belleza de Cleopatra, y aprovechando que Dios no estaba al teléfono,
había incursionado a lo largo del Mar Rojo a fin de conocerla.
Grande fue su decepción al llegar al delta del Nilo y encontrar en
la Biblioteca de Alejandría el “Libro de las Adversidades”,
donde se registraban las vicisitudes del Magnánimo Pastor Mustafá
Kemal Mora en su camino a la dominación mundial. Allí se leían
párrafos como “El tano me cambió a la zorra egipcia por un
puerto en Sicilia. Al pedo, porque al final tengo a estos manteros
alemanes ofreciéndome las mismas cosas en las peatonales de mi
Capital. Parecen simples artesanos, pero dudo de sus intenciones”.
Efectivamente,
las dudas del Magnífico Pastor sobre estos artesanos arios eran
fundadas. Luego de enviar a los Guardianes del Harén a eliminar a
unos cientos para que dejaran de llevarse piedra de su palacio para
hacer estatuillas, el Kaiser Alexander envió a sus flotas a través
del Mar Negro a reivindicar el derecho de su pueblo a tomar lo que
ellos quieran de cualquier lugar de la tierra. La ofensiva, liderada
por el mismo Kaiser y su Guardia Personal de Guerreras
PanzerDominatrizen tomó tres torres de la capital turca, y con la
piedra construyeron estatuillas de forma fálica en honor al Kaizer,
que hasta hoy (en variados materiales) siguen siendo muy populares
entre las mujeres guerreras.
Así
que las sombras se cernían sobre el imperio del Magnífico Pastor
Mustafá Kemal Mora, quien había predicho que sería aplastado y
resucitaría (probablemente como los íberos) para cumplir la
profecía. En este punto, los Indios, y los Otros Indios de Más
Lejos, que ya comerciaban con teléfonos celulares de tercera
generación (o algo así), sugirieron a las demás civilizaciones
crear la Organización Mundial de Comercio. Así que en la primera
Asamblea Mundial se repartieron los escaños de cada civilización de
acuerdo a su poderío, quedando así:


El Pastor Mustafá luego haría resurgir su imperio desde las cenizas, creando para ello una moderna práctica comercial consistente en llegar con una caravana, vender todo, luego sacar las hachas, recuperar los bienes, arrasar la ciudad y volver a casa con el oro y las pieles.
ResponderEliminarEstás diciendo que el juego tiene demasiado realismo? :P
ResponderEliminarViniendo del mismísimo Kaiser Alexander voy a tomarlo como un cumplido! :D
Es un cumplido, en plena forma!
ResponderEliminarY es una promesa de que siempre habrá un ojo vigía entre nuestros dos imperios....
Muajajaja!!!!
PD: la ultima partida no la habremos ganado, pero fuimos los que más nos divertimos con nuestras guerras anti-diplomáticas!